Sinopsis.
Los
mayas predijeron que el mundo se terminaría en 2012, más nunca predijeron el
cómo.
A las ocho de la noche comenzó el apocalipsis, todos los
vampiros del mundo, sincronizados, organizados, salieron a la luz de la luna y
diezmaron a la humanidad, se proclamaron la raza dominante del planeta tierra,
Cometieron un error, su población aumento con los neófitos, los humanos casi
extintos se llevan consigo lo más preciado para la monstruosa raza, la sangre.
¿De qué se alimentaran ahora?
PRÓLOGO.
Nuestras pisadas se escuchaban en las escaleras, había
sangre derramada casi por todas partes, teníamos que cuidarnos de no resbalar,
no caer, no hacer ruido, era temprano, las doce de la tarde, el sol calentaba e
iluminaba en su máximo esplendor, nos protegía de aquellas criaturas terribles
que ahora dominaban todo.
Mi madre decidió entrar al metro, acortar el camino
por las vías, era mucho mejor que caminar por las calles, aunque el sol nos
cuidaba, los vampiros nos podían oler, escuchar, si la noche nos caía encima
moriríamos, seriamos cazados o nos llevarían al palacio. Mi madre no quería
eso, por eso la decisión de cortar por las vías del metro, aunque no era una
fantástica idea, los vampiros podrían estar ocultos en la oscuridad.
Mi pequeño hermano de diez años, resbalo, lo sujete
con fuerza mientras mi madre hacía un rastro falso por si alguien nos veía y
trataba de seguirnos, no funcionaría aquello, las bestias eran las mejores
cazadoras de todo el mundo, su naturaleza las hizo de aquella manera,
indestructibles.
Mire a ambos lados, era la línea rosa, la estación
Observatorio, no había luz pero conocíamos aquel lugar como la palma de nuestra
mano, era nuestro medio de transporte, cuando por fin llegamos a las vías, mi
hermano ahogo un grito, ahí había montones de cadáveres amontonados, uno de los
vagones color naranja estaba volcado de lado, debajo de él salía sangre, debajo
de él había personas. Tan solo habían pasado dieciséis horas desde el comienzo
de lo que la radio llamo, el día V. Fue algo irónico e idiota llamar así el
día, pero ya no importaba, tan solo habían pasado, tan solo habían pasado dos
horas desde que el radio y la Tv se encadeno, en ambos se escuchaba la misma,
en la Tv se podía ver absolutamente en todos los canales a la misma mujer.
“Este día, proclamado por ustedes los humanos, el día
V nosotros, la raza más poderosa, la raza mejor evolucionada tomaremos el
control, desde ahora somos la raza dominante, desde ahora somos sus amos”
Lo que no sabía aquella mujer era que sus súbditos
acababan con todos los humanos, uno por uno, morían drenados, sin una sola gota
de sangre en el cuerpo. Algo nos empujó, casi suelto un grito de puro terror,
pero me mordí los labios, mi madre tapo los labios de mi pequeño hermano, nos
miró y esbozo una sonrisa, nos ayudó a bajar a las vías y comenzó a caminar, tratando
de solo pisar los rectángulos de madera que típicamente ponen en los trenes. Por
alguna rara razón que no comprendo y que ahora nunca me enseñaran en la
escuela.
Se escuchó un sonido extraño en la oscuridad del
túnel, los tres nos detuvimos, casi como si fuéramos estatuas, como si la
medusa del cuento nos hubiera mostrado su mirada y nosotros nos hubiéramos
convertido en piedras. Una mujer, hermosa mujer de piel blanca, ojos rojos, al
igual que sus labios y su corsé, se detuvo frente a nosotros, iluminada por la
poca luz que entraba a la estación del
metro a esta hora, no habíamos alcanzado el túnel, ella nos bloqueó el paso, su
falda color negro se elevó con una ráfaga de aire extraña, que provenía del
túnel.
—Buenos días terrícolas—bromeó aquella mujer, su voz
bellísima, como si las notas de la quinta de Beethoven se presentaran en
aquella voz. Ninguno de nosotros dijo una sola palabra, estábamos paralizados.
—Quizá sea anticuada, pero yo recordaba que antes los
humanos nos saludábamos unos a otros con reverencias, además de que las mujeres
no podíamos usar pantalones—mi madre miró su ropa, llevaba un pantalón de
mezclilla azul marino y una playera negra, con tenis rosas. Mi hermano llevaba
bermudas y una playera sin mangas, al igual que tenis color negro. Yo iba
completamente de negro, incluso mi cabello lo era.
—Como dicen los humanos ¿Les comió la lengua el ratón?—la
chica se pasó la lengua por sus colmillos, sus labios rojos se curvaron en una
sonrisa fascinante, estaba hipnotizando con la belleza de aquella mujer, casi
quería caminar a ella y entregarle mi cuello, para que se alimentara de mí.
Al parecer la mujer se dio cuenta de mis intenciones,
extendió una mano, me invito a ir con
ella, estaba realmente ansioso por estar a su lado, mis pies tomaron conciencia
propia comencé a caminar hacia ella, ensimismado, mi madre soltó un grito
ahogado, ya me encontraba en los brazos de aquella mujer. Por fin mi mente
reacciono, trate de apartarme, era demasiado tarde. Pero no me mordió, mi muerte
no llego, por lo menos no aún.
—Que terrible debe ser, ver a tu hijo caminar a las
manos de la muerte, verlo dirigirse al abismo, entregarse a la decisión de
Átropos, esperar al último corte del listo que simboliza su vida, debe ser
difícil para una madre humana—murmuro aquella mujer de corsé rojo, sus
colmillos brillaron.
Sentí como era arrastrado a la oscuridad del túnel,
trate de luchar, de mi garganta solo salió una palabra, mamá, le estaba
gritando a ella, a la mujer que más amaba en el mundo, a la mujer que seguro
daría su vida por la mía. Así lo hizo.
Mi madre tomo algo del suelo y se abalanzó sobre la
bestia, ella me soltó, caí al suelo, la súplica de mi madre no se escuchó por
mucho tiempo, su cabeza cayó junto a mí, una mirada de terror y determinación
fue la que quedó plasmada en ese rostro sin cuerpo. Me levante y corrí junto a
mi hermano que comenzaba a gritar de puro terror.
Mi único objetivo era llegar a la luz solar,
protegerme y proteger a mi hermano de la bestia, seguir con vida por lo menos
hasta llegar a la zona segura, por lo menos vivir unas horas más hasta que la
luna aparezca, lo hicimos, llegamos a la luz solar, esta estación del metro
tenía dos zonas abiertas a cada lado de los vagones, donde entraba el sol, la
mujer del vestido rojo se quedó parada, justo encima de la línea amarilla donde
los peatones tenían que esperar al tren.
Una sonrisa se delineo en su hermoso rostro pálido,
camino lentamente, hacía nosotros, con extrema elegancia, sus curvas femeninas
casi hacen que vuelva a quedar hipnotizado, mire a otro lado, protegido por el
sol.
—Mala suerte ¿no crees? Ser un vampiro, morir con la
luz solar—de nuevo la mujer hablaba de manera enigmática, como si quisiera
analizar todas sus palabras, como si a fuerza tuviera que preguntar algo.
Esperaba una respuesta, no le di el privilegio de mover mis labios.
La mujer hizo una mueca, gruño como un gato por un
momento pensé que se iba a erizar como un felino, en cambio movió las caderas,
su cuerpo entro a los rayos solares, mi hermano grito, la mujer comenzaba a
ponerse en mal estado, su hermoso rostro comenzaba a convertirse en ceniza,
pero no lo hizo, no pensamos, mi hermano fue halado por la camisa y lanzado a
los vagones, su cuerpo quedó clavado en un tubo de escape salido, la vida
abandono su cuerpo, sus ojos, su sonrisa, perdió color, grite, desolado,
desamparado. Una mano me jalo a mí también, pero no morí, mi brazo izquierdo
recibió el impacto del suelo.
—Bebe—me ordenaron, las lágrimas no paraban de salir
de mi cuerpo, ya no valía la pena luchar, bebí aquello que me ofrecían, era
sangre de aquella hermosa dama, su rostro ya había recuperado toda su
hermosura, su esplendor, ya no tenía ni una sola fisura en él. El dolor me
llego por sorpresa.
Toda mi vida paso por mis ojos, las sonrisas con mi
madre, la chica que era mi amor platónico en la escuela, mi hermano al ser un
pequeño y caer de las escaleras, mi llanto por ser impotente y no poder
ayudarle, el cuerpo degollado de mi madre, la sangre que salía de ese cuello
sin cabeza, el charco que se formaba en ese cuerpo sin vida, la mirada en su
rostro, era de terror, también determinada, estaba dispuesta a salvarme, mi
madre se sacrificó por mi estupidez.
Mi hermano, el tubo saliendo de su estómago, su rostro
blanco, sus ojos sin vida la sangre brotando de cualquier orificio de su
cuerpo, de repente me sentí más fuerte más vivo, la mujer del corsé rojo ya no
estaba a mi lado, bien por ella, pero la buscaría, la mataría, vengaría a mi
rota familia, ese era mi objetivo: matar.

interesante, ya quiero la continuación ( *o* )/ me encantan las historias sobre venganza
ResponderEliminarFantastico como todo lo que escribes!!
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