Hola, muchas gracias por sus comentarios en el prólogo y en los lugares donde di a conocer esta historia, como les gusto a varios, decidí publicar un capítulo cada domingo, así no me presiono en la corrección y nos los decepciono por una mala narración o algo por el estilo, les dejo el primer capítulo, el más corto de todos.
Sinopsis.
Los mayas predijeron que el mundo se terminaría en 2012, más nunca predijeron el cómo.
A las ocho de la noche comenzó el apocalipsis, todos los vampiros del mundo, sincronizados, organizados, salieron a la luz de la luna y diezmaron a la humanidad, se proclamaron la raza dominante del planeta tierra, Cometieron un error, su población aumento con los neófitos, los humanos casi extintos se llevan consigo lo más preciado para la monstruosa raza, la sangre. ¿De qué se alimentaran ahora?
La fortaleza
Los humanos sobrevivientes se habían refugiado a las
afueras de la ciudad de México, miraban desde ahí como moría la gente, escuchaban sus gritos de terror,
algunos contaban que vieron como la luna se tiño de rojo al igual que la enorme
ciudad. Algunos otros dicen que, ese día, llovió sangre. Eh aprendido a no
creer todo lo que los humanos cuentan, a veces, para no volverse locos,
inventan locuras.
Mi nombre es Thimoty Banks, mi madre solía llamarme
Timmy. Tan solo recordar a mi progenitora me duele, aunque ahora las emociones
estaban olvidadas, ya no sentía amor, lastima ni miedo, era una roca,
literalmente, mi piel era dura y fría, pálida, muchos humanos decían que era
hermoso, yo sabía que era un monstruo.
Los pocos mexicanos que quedan ahora están todos
reunidos, en lo que llaman, la fortaleza, una enorme construcción, que antes
era una planta de energía, como no eran muchos los sobrevientas no teníamos que
preocuparnos por muchas cosas, todos teníamos espacio suficiente para dormir,
para hacer lo que deseáramos, la comida escaseaba, pero lo solucionaron cuando
me uní a ellos.
*-*-*-*
Fue exactamente el 22 de diciembre, eran las dos de la
tarde, yo aún me encontraba en la estación del metro, llorando, arrodillado
junto al cadáver de mi hermano y la cabeza de mi madre, cuando me decidí a
morir, ya no valía la pena el objetivo que me había propuesto cumplir, sabía
que ahora era uno de ellos, una bestia. Uno menos no hacía mucha diferencia,
pero por algo se empieza, me puse de pie y caminé hacía el sol, me pregunte por
un segundo si me ocurriría como a aquella mujer, si mi piel se cuartearía, como
si me convirtiera en ceniza. Nada paso, ni siquiera me deslumbro el sol cuando
mire directamente a él.
Sorprendido, alucinado y de un salto salí de la
estación del metro, caí de forma elegante en el asfalto, mi salto me había
llevado dos calles más allá de la entrada al metro, una sonrisa salió de mi
garganta, me sentía tan vivo, la felicidad se esfumo al ver a una pareja de
novios correr en mi dirección, correr bajo la luz del sol buscando protección.
Yo era una de las bestias.
Me decidí por encontrar el refugio, extrañamente podía
escuchar todo, oler todo, ver todo, yo que siempre había tenido problemas de
vista, ahora lo veía todo a la perfección, no fue difícil distinguir el olor
humano, olían tan asqueroso a sudor, a orina, ácidos todos ellos, e repugno su
aroma, pero alguna vez yo debí oler de ese modo.
Cuando por fin di con el refugio el sol se despedía de
la ciudad de México, se escuchaban más los gritos de las personas que aún
Vivian y que tenían esperanzas, ya me encontraba fuera de la ciudad y aun así
escuchaba todo con mucha claridad, los gritos de las madres tratando de cuidar
de sus niños, como mi madre lo intento conmigo, a cada paso que daba, mi odio
hacía mí mismo crecía.
Pronto me encontré ante tres humanos, apestaban más
estando cerca, ignore el olor, trate de acercarme, sus armas se levantaron,
alce las manos, como si estuviera frente a unos oficiales que quisieran
arrestarme, las balas tronaron y se dirigieron de forma veloz a mi posición,
era extraño poder ver la estela de las balas. Pero no impactaron conmigo,
soltaron una risita de un hombre detrás de mí, di media vuelta, era moreno, de
ojos completamente rojos, inyectados en sangre, su barbilla estaba manchada con
el líquido rojo.
El impacto que me llego pudo haber partido el cuerpo
de un humano normal, a mí solo me saco un gemido de frustración, me moví
velozmente y me deshice del agarre, nunca en mi vida había peleado con alguien,
mi vida era normalmente horrenda porque yo era el golpeado constantemente, en
cambio, ahora, me sentía con tanta fuerza, tanta agilidad, todo el mundo piensa
que cuando peleas el mundo se detiene, ves todo en cámara lenta, era mentira,
la cabeza de aquel hombre moreno estaba a mis pies, su cuerpo arrodillado a
unos cuantos metros más lejos termino de caer al suelo, chorreando sangre.
Ni siquiera me había dado tiempo a pensar en nada, mis
colmillos estaban fuera, listos para morder a cualquiera que se me acercara,
volvía dar media vuelta, los tres humanos me miraban con ojos abiertos,
sorprendidos.
*-*-*-*-*
Ahora era un miembro de lo que ellos llamaban, la
resistencia, ya no estábamos tan indefensos como al principio. Antes los
vampiros nos asesinaban sin que nosotros pudiéramos hacerles algo, pensaba en
plural porque me consideraba un miembro más de ellos, aunque no fuera humano.
Al inicio ellos tenían ventaja. ¿Cómo matas algo que pensabas no existía?
Los vampiros se aprovecharon de nuestra estupidez, de
nuestra rara necesidad de creer que los monstruos como ellos no existían, ya
pagamos el precio, ahora nos tocaba vengar a la humanidad, ya conocíamos
algunos trucos para deshacernos de aquellas horrendas bestias, justo ahora los
más fuertes y diestros nos preparábamos para una misión, algo que nos ayudaría
a la resistencia.
Era simple, entrar a la ciudad de noche, recolectar
comida, municiones, lo que pudiéramos, además de capturar algún espécimen de
vampiro, aunque éramos un grupo muy pequeño, algunos de nosotros tenían la
creencia de que existía una cura, que ser vampiro era una enfermedad, no les
contradije, lo último que se pierde es la esperanza, ya habíamos perdido
absolutamente todo, no quería quitarles eso también. Normalmente al jefe, un
hombre fornido y canoso que ya había matado tantos vampiros como su gran edad
pedía que yo me quedara a cuidar de la resistencia, a ellos les agradaba tener
a un vampiro de su lado, mis habilidades eran de mucha ayuda, más en momentos
de apuro, por alguna razón siempre era mucho más fuerte que otros vampiros,
aunque era realmente delgado y pareciera un niño de catorce cuando en realidad
tenia dieciséis y los tendría por el resto de mi vida.
Está vez era necesario que yo saliera con ellos a la
ciudad, necesitaban muchas cosas que podría ayudar a cargar, además, según
nuestros vigilantes, el número de vampiros había aumentado últimamente, estaban
más organizados, patrullaban las calles.
Era el momento para salir, justo cuando la luna estaba
en su punto más alto, aunque el sol era nuestro aliado, la oscuridad también
nos ayudaba a nosotros, después de todo, los seres humanos son conocidos por
adaptarse al ambiente que les pusieran para poder sobrevivir.
Prepare mis cosas, una pistola y una daga, solo tenía
tres balas, pero casi nunca las utilizaba, las municiones eran solo para los que
la necesitaban, yo tenía mis manos, mi fuerza, agilidad, mi bestialidad, ya no
me daba miedo matar, como al principio cuando llegue y tuvieron que controlarme
entre varios hombres, matar no es algo sencillo como todo el mundo lo cree.
Nuestro general, alguien que era soldado antes del día
V nos llamó con un grito, nos reunimos, solo saldríamos cinco hombres, dos de
ellos tenían tan solo tres años más que yo, seguramente por eso saldría yo,
para cuidarles, las mujeres les dieron un paquete con comida de humanos, algo
que por más que quisiera no podía digerir. Sin siquiera despedirnos, sin decir
una sola palabra, camino a la salida de la fortaleza, directo a la ciudad de
los vampiros.

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