domingo, 19 de enero de 2014

Guerra de Sangre (Necrópolis) Capitulo 1: La Fortaleza.

Hola, muchas gracias por sus comentarios en el prólogo y en los lugares donde di a conocer esta historia, como les gusto a varios, decidí publicar un capítulo cada domingo, así no me presiono en la corrección y nos los decepciono por una mala narración o algo por el estilo, les dejo el primer capítulo, el más corto de todos. 

Sinopsis. 
Los mayas predijeron que el mundo se terminaría en 2012, más nunca predijeron el cómo.
A las ocho de la noche comenzó el apocalipsis, todos los vampiros del mundo, sincronizados, organizados, salieron a la luz de la luna y diezmaron a la humanidad, se proclamaron la raza dominante del planeta tierra, Cometieron un error, su población aumento con los neófitos, los humanos casi extintos se llevan consigo lo más preciado para la monstruosa raza, la sangre. ¿De qué se alimentaran ahora?

Timmy Banks es transformado a la edad de dieciséis años, después de ver morir a su madre, salvándole la vida, la vampiresa que la mato será el próximo objetivo de Timmy, su único propósito es vengar a su madre, a su hermano, su familia. Todo se verá interrumpido al ser secuestrado y llevado a la reina, la madre de todos los vampiros, la primera de todos ellos, ahí descubrirá secretos que podrían cambiar al mundo, salvar lo que queda de la humanidad. Descubrirá cuál es su verdadero propósito.



La fortaleza 
Los humanos sobrevivientes se habían refugiado a las afueras de la ciudad de México, miraban desde ahí como moría la gente, escuchaban sus gritos de terror, algunos contaban que vieron como la luna se tiño de rojo al igual que la enorme ciudad. Algunos otros dicen que, ese día, llovió sangre. Eh aprendido a no creer todo lo que los humanos cuentan, a veces, para no volverse locos, inventan locuras.

Mi nombre es Thimoty Banks, mi madre solía llamarme Timmy. Tan solo recordar a mi progenitora me duele, aunque ahora las emociones estaban olvidadas, ya no sentía amor, lastima ni miedo, era una roca, literalmente, mi piel era dura y fría, pálida, muchos humanos decían que era hermoso, yo sabía que era un monstruo.

Los pocos mexicanos que quedan ahora están todos reunidos, en lo que llaman, la fortaleza, una enorme construcción, que antes era una planta de energía, como no eran muchos los sobrevientas no teníamos que preocuparnos por muchas cosas, todos teníamos espacio suficiente para dormir, para hacer lo que deseáramos, la comida escaseaba, pero lo solucionaron cuando me uní a ellos.

*-*-*-*

Fue exactamente el 22 de diciembre, eran las dos de la tarde, yo aún me encontraba en la estación del metro, llorando, arrodillado junto al cadáver de mi hermano y la cabeza de mi madre, cuando me decidí a morir, ya no valía la pena el objetivo que me había propuesto cumplir, sabía que ahora era uno de ellos, una bestia. Uno menos no hacía mucha diferencia, pero por algo se empieza, me puse de pie y caminé hacía el sol, me pregunte por un segundo si me ocurriría como a aquella mujer, si mi piel se cuartearía, como si me convirtiera en ceniza. Nada paso, ni siquiera me deslumbro el sol cuando mire directamente a él.

Sorprendido, alucinado y de un salto salí de la estación del metro, caí de forma elegante en el asfalto, mi salto me había llevado dos calles más allá de la entrada al metro, una sonrisa salió de mi garganta, me sentía tan vivo, la felicidad se esfumo al ver a una pareja de novios correr en mi dirección, correr bajo la luz del sol buscando protección. Yo era una de las bestias.

Me decidí por encontrar el refugio, extrañamente podía escuchar todo, oler todo, ver todo, yo que siempre había tenido problemas de vista, ahora lo veía todo a la perfección, no fue difícil distinguir el olor humano, olían tan asqueroso a sudor, a orina, ácidos todos ellos, e repugno su aroma, pero alguna vez yo debí oler de ese modo.

Cuando por fin di con el refugio el sol se despedía de la ciudad de México, se escuchaban más los gritos de las personas que aún Vivian y que tenían esperanzas, ya me encontraba fuera de la ciudad y aun así escuchaba todo con mucha claridad, los gritos de las madres tratando de cuidar de sus niños, como mi madre lo intento conmigo, a cada paso que daba, mi odio hacía mí mismo crecía.

Pronto me encontré ante tres humanos, apestaban más estando cerca, ignore el olor, trate de acercarme, sus armas se levantaron, alce las manos, como si estuviera frente a unos oficiales que quisieran arrestarme, las balas tronaron y se dirigieron de forma veloz a mi posición, era extraño poder ver la estela de las balas. Pero no impactaron conmigo, soltaron una risita de un hombre detrás de mí, di media vuelta, era moreno, de ojos completamente rojos, inyectados en sangre, su barbilla estaba manchada con el líquido rojo.

El impacto que me llego pudo haber partido el cuerpo de un humano normal, a mí solo me saco un gemido de frustración, me moví velozmente y me deshice del agarre, nunca en mi vida había peleado con alguien, mi vida era normalmente horrenda porque yo era el golpeado constantemente, en cambio, ahora, me sentía con tanta fuerza, tanta agilidad, todo el mundo piensa que cuando peleas el mundo se detiene, ves todo en cámara lenta, era mentira, la cabeza de aquel hombre moreno estaba a mis pies, su cuerpo arrodillado a unos cuantos metros más lejos termino de caer al suelo, chorreando sangre.

Ni siquiera me había dado tiempo a pensar en nada, mis colmillos estaban fuera, listos para morder a cualquiera que se me acercara, volvía dar media vuelta, los tres humanos me miraban con ojos abiertos, sorprendidos.

*-*-*-*-*

Ahora era un miembro de lo que ellos llamaban, la resistencia, ya no estábamos tan indefensos como al principio. Antes los vampiros nos asesinaban sin que nosotros pudiéramos hacerles algo, pensaba en plural porque me consideraba un miembro más de ellos, aunque no fuera humano. Al inicio ellos tenían ventaja. ¿Cómo matas algo que pensabas no existía?

Los vampiros se aprovecharon de nuestra estupidez, de nuestra rara necesidad de creer que los monstruos como ellos no existían, ya pagamos el precio, ahora nos tocaba vengar a la humanidad, ya conocíamos algunos trucos para deshacernos de aquellas horrendas bestias, justo ahora los más fuertes y diestros nos preparábamos para una misión, algo que nos ayudaría a la resistencia.

Era simple, entrar a la ciudad de noche, recolectar comida, municiones, lo que pudiéramos, además de capturar algún espécimen de vampiro, aunque éramos un grupo muy pequeño, algunos de nosotros tenían la creencia de que existía una cura, que ser vampiro era una enfermedad, no les contradije, lo último que se pierde es la esperanza, ya habíamos perdido absolutamente todo, no quería quitarles eso también. Normalmente al jefe, un hombre fornido y canoso que ya había matado tantos vampiros como su gran edad pedía que yo me quedara a cuidar de la resistencia, a ellos les agradaba tener a un vampiro de su lado, mis habilidades eran de mucha ayuda, más en momentos de apuro, por alguna razón siempre era mucho más fuerte que otros vampiros, aunque era realmente delgado y pareciera un niño de catorce cuando en realidad tenia dieciséis y los tendría por el resto de mi vida.

Está vez era necesario que yo saliera con ellos a la ciudad, necesitaban muchas cosas que podría ayudar a cargar, además, según nuestros vigilantes, el número de vampiros había aumentado últimamente, estaban más organizados, patrullaban las calles.

Era el momento para salir, justo cuando la luna estaba en su punto más alto, aunque el sol era nuestro aliado, la oscuridad también nos ayudaba a nosotros, después de todo, los seres humanos son conocidos por adaptarse al ambiente que les pusieran para poder sobrevivir.

Prepare mis cosas, una pistola y una daga, solo tenía tres balas, pero casi nunca las utilizaba, las municiones eran solo para los que la necesitaban, yo tenía mis manos, mi fuerza, agilidad, mi bestialidad, ya no me daba miedo matar, como al principio cuando llegue y tuvieron que controlarme entre varios hombres, matar no es algo sencillo como todo el mundo lo cree.

Nuestro general, alguien que era soldado antes del día V nos llamó con un grito, nos reunimos, solo saldríamos cinco hombres, dos de ellos tenían tan solo tres años más que yo, seguramente por eso saldría yo, para cuidarles, las mujeres les dieron un paquete con comida de humanos, algo que por más que quisiera no podía digerir. Sin siquiera despedirnos, sin decir una sola palabra, camino a la salida de la fortaleza, directo a la ciudad de los vampiros.

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